Publicado por: Norberto Ciciaro


Asociación Buscadores de Plenitud A un estanque mágico, llegaron una vez a bañarse, haciéndose mutua compañía, la Tristeza y el Enfado.

Llegaron junto al agua, se sacaron las ropas y desnudas entraron a bañarse.

El Enfado, apurado, como siempre, inquieto sin saber por qué, se bañó y rápidamente salió del estanque.

Pero como el Enfado es casi ciego, se puso la primera ropa que manoteó, que no era la suya, sino la de la Tristeza.

Vestida de Tristeza, el Enfado se fue como si nada pasara.

La Tristeza, tranquila y serena, tomándose el tiempo del tiempo, como si no tuviera ningún apuro, porque nunca lo tiene, mansamente se quedó en el agua bañándose mucho rato y cuando terminó, quizás aburrida del agua, salió y se dio cuenta de que no estaba su ropa.

Si hay algo que a la Tristeza no le gusta es quedarse al desnudo, así es que para no estar así, al descubierto, se puso la única ropa que había, la ropa del Enfado.

Y así, vestida de Enfado, siguió su camino.

Desde entonces, vagan por la Tierra con las ropas cambiadas.

Cuentan que a veces, cuando uno ve al otro lleno de furia, cruel, despiadado y ciego de ira, parece que estuviera enojado.

Pero si uno se fija con cuidado, se da cuenta de que la furia, el Enfado, es un disfraz y que detrás de ese Enfado se esconde en realidad la Tristeza.