Asociación Buscadores de Plenitud

Vivir es un compromiso de nosotros mismos



Asociación Buscadores de Plenitud

La Real Academia Española nos dice que aceptar es recibir voluntariamente o sin oposición lo que se da, ofrece o encarga. La aceptación es apertura total que no incluye ninguna medida de control.

Que una madre tolere la existencia de una vecina de raza africana con la que se reúne y conversa muy a menudo en el mercado, eso no implica que acepte que su hija y el hijo de la vecina tengan un amorío.

La tolerancia lleva implícito que quien tolera está en una situación mayor que el otro que es tolerado. Es el que tolera quien decide el cómo, cuándo y a quien tolera.

Jesús Palomar Vozmediano en su obra “La Ambigüedad del Lenguaje” expresa:

“La palabra tolerar proviene del latín ​tolerare…​ viene a significar sostener, aguantar o resistir. También significa llevar o sobrellevar, tanto algo material como espiritual, llevar una carga o sobrellevar una pena o un sufrimiento. Se relaciona entonces con la tolerancia en cuanto que lo tolerado es siempre algo malo que hay que soportar. La tolerancia implica una relación de poder. El que tolera tiene un poder real sobre el que es tolerado.”

Tolerar se asemeja a soportar, mientras que aceptar es simplemente el reconocimiento , más allá que me guste o no, que tal situación, tal persona, tal realidad existe en todo su derecho propio.

Aceptar no es estar de acuerdo, sino que es un:  “no me opongo en lo mas mínimo  en tu derecho a ser y existir, pensar o actuar de tal o cual forma. Ahora, sin juicios, simplemente coordinemos una convivencia beneficiosa para ambos”.

Cuando era pequeño me quede con la copla de una frase de Voltaire: "Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo".

En el Desarrollo Personal, más que una elección de lenguaje, la aceptación se instaura como una definición personal. De la aceptación se desprende la empatía, la escucha activa y muchas otras herramientas y valores.

La tolerancia conlleva un juicio de valor sobre algo o sobre alguien. Y quien tolera se coloca en un lugar simbólico de poder  (para sí mismo) donde tiene las funciones de ejercer el otorgamiento de permisos.  Esta postura, muchas veces inconsciente, define la calidad de nuestra relación con el otro.

La aceptación, en cambio,  está en la línea de abrirse a nuevas posibilidades,  a nuevos diálogos, a una pausa de pensamientos para comprender y acoger lo que se escucha, el darse permiso a aprender de la experiencia de otra persona.

Las distinciones están orientadas no tanto en saber qué pensamos si no que trabajan detrás de los pensamientos …  en el cómo estamos observando lo que sucede, sea una emoción,  un pensamiento o un hecho externo a nosotros. También  cómo es que estamos comprendiendo e interpretando  esta realidad.

Recordemos que no somos responsables de la programación que hemos recibido en la infancia pero como un adulto somos 100% responsables de corregirlo.

Los beneficios de las distinciones son variados. Nos sirven para aprender a ver las cosas de forma diferente y al cambiar el modo de observar se generan oportunidades.

Existen diferentes formas de vivir una situación y  de poder integrarla en nuestro ser.

 El coaching ontológico apunta aprender a nombrar las realidades desde una nueva manera, encontrar nuevos recursos para que podamos decidir quién queremos ser y a dónde queremos llegar. De esta forma construimos nuestra propia definición de una vida feliz.

Las distinciones son  una posibilidad de cambiar, una posibilidad de acción diferentes. Os invito a profundizar en el cambio de la tolerancia a la aceptación.

Norberto Ciciaro Villalba (Derechos Reservados)