Asociación Buscadores de Plenitud

Vivir es un compromiso de nosotros mismos



Asociación Buscadores de Plenitud El término inteligencia emocional se popularizó en 1995 a través de un libro que escribió Daniel Goleman (escritor, Doctor y profesor de psicología de la Universidad de Harvard, EEUU. También es el cofundador de la Sociedad para el Aprendizaje Académico, Social y Emocional de la Universidad de Yale  cuya misión es ayudar a las escuelas a introducir cursos de educación emocional.

Pero se tiene registro de la utilización de este término desde 1964 en diferentes tesis y estudios aplicados  a las emociones. Básicamente el concepto de inteligencia emocional se refiere traer la inteligencia a nuestras emociones,  unificar nuestros procesos cognitivos, nuestra facultad de poder dirigir, de poder decidir, llevado  al ámbito de las emociones.  La definición más utilizada es: La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos.

En un mundo donde, desde fines del siglo XIX a través de las ciencias del comportamiento,  se valora la inteligencia a través de la medición del Coeficiente Intelectual (C.I.), la inteligencia emocional plantea que el coeficiente intelectual no es la herramienta que pueda asegurar el éxito.

Se necesita algo más. Saber sobre algo no es conocerlo, se necesita el desarrollo de las capacidades para aprender a integrar y a funcionar en base a esos conocimientos que tenemos. No es nuestro coeficiente intelectual quien resuelve aquello que nos encontramos en la cotidianidad, sino la madurez personal. Podemos comprender cómo funcionan los astros, los sistemas y la física y las matemáticas y de repente ahogarnos en lo que es una relación interpersonal o en la preparación de un café con leche (en compañía) por la mañana. La madurez personal habla de la integración de cuerpo, mente, emoción y espiritual entendido como deseo de trascendencia.

En el mundo occidental que desde hace mas de 2000 años da poder y supremacía a los pensamientos y al razonamientos, la comprensión de que en nuestro proceso evolutivo, como especie y como individuos, ayer y hoy,  primero hemos sentido y luego hemos pensado ha producido un cambio de paradigma en la forma de mirarnos a nosotros mismos.

La inteligencia emocional tiene 5  COMPONENTES de desarrollo: Autoconciencia,  autorregulación,  motivación, empatía y  habilidades sociales.

El primero: Autoconciencia. Es una habilidad que se desarrolla y  que nos permite conocer lo que sentimos momento a momento dejando de ser atrapados por el flujo del pensamiento. Generalmente somos más conscientes de aquello que pensamos que de aquello que sentimos. Esto es un trabajo de auto educación que se realiza a través de diferentes terapias psicológicas o técnicas que permiten educar la atención y ampliarla para que decodifique con calidad los estímulos de nuestro interior/exterior.

Las emociones están siempre presentes en nuestro día a día al mismo tiempo que el pensamiento, como flujos paralelos. Mientras tenemos mayor costumbre de darnos cuenta que pensamos, no pasa así con las emociones.

 Eso significa que la emoción tiene que gritar mucho para que llevemos nuestra atención a ella y que no la prestemos atención no signifique que no esté allí y que no interfiera en nuestras decisiones sin darnos cuenta.

Recordemos que cuando no somos conscientes de nuestro mundo interior, poseemos automatismos que se disparan constantemente y muchas veces son tóxicos (os invito a ver el video de Auto-sabotaje en nuestro canal de youtube)

También es verdad que restamos importancia a algo que es muy valioso: la intuición y más de una vez nos encontramos que nuestras emociones no gestionadas o nuestros pensamientos no gestionados nos llevan a tomar decisiones que habíamos intuido desde el inicio que no eran acertadas.

 El prefijo “emo” de la palabra emoción significa “moverse hacia” y hace referencia a un impulso. Las emociones, más allá de placenteras o dis-placenteras, son un impulso para movernos hacia un cierto lugar con la información que traen. Pero ¿Sabemos que nos dicen nuestras emociones? ¿Conoces la información que te trae la ira, la tristeza, el miedo, alegría o el asco? Autoconsciencia también es estudiar esto.

“¿Para qué hago lo que hago? Tener claridad de para qué hago lo que hago y digo lo que digo, nos permite ser transparentes y así ser auténticos. ¿Qué me pasó? ¿Para qué actúo así? ¿Es necesario o productivo?¿de qué otra manera puedo actuar en otra situación similar? Reflexionar  y analizar nuestras conductas nos ayudan a ser menos impulsivos y disponer de más opciones para elegir qué hacer ante una situación determinada”. Autor desconocido

 El segundo componente de la inteligencia emocional es la autorregulación. Es la capacidad que tenemos de gestionar nuestras emociones.  Muchísimas personas consideran que antes sus emociones y antes sus pensamientos se encuentran desarmados y que nada pueden hacer con ellos. La autorregulación no se relaciona con la represión ni con el control de emociones, sino que está asociado a lo que se denomina autodominio. Es el poder personal de gestionar los impulsos a voluntad, de ser quiénes gestionemos los mismos y no ser gestionado por ellos.

Aristóteles nos decía: “Cualquiera puede ponerse furioso... eso es fácil. Pero, ponerse furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta...Eso no lo hace cualquiera”.

 El tercer componente de la inteligencia emocional es la motivación. Son las emociones las que nos movilizan hacia nuestros objetivos, hacia nuestras metas, hacia los modelos que deseamos instaurar en nuestra vida. Son las emociones las que nos llevan al bienestar o a la felicidad. La persona madura comprende, siente, vivencia y acepta, que, en ocasiones, hay obstáculos para alcanzar nuestros objetivos porque la vida no está diseñada conforme a nuestras necesidades sino que, en base a nuestras necesidades, nosotros construimos nuestra vida.

La base de la motivación es el optimismo. Cuando nos encontramos con un obstáculo tenemos 3 posibilidades de reacción: bloquearnos, arremeter contra el obstáculo de forma impulsiva o decidir en base a reflexiones una forma eficiente para nosotros y el entorno.

Ejemplo: podemos encontrar una pared y quedarnos simplemente quietos. Lo segundo sería ir golpeando la pared con nuestra cabeza, cuerpo o un martillo con la fantasía de que en algún determinado momento la pared sucumba. La tercera postura sería detenernos, mirar, observar esta pared y empezar a buscar a nuestro alrededor herramientas que nos ayuden a escalar. Buscar una soga, buscar una escalera, mirar qué tenemos alrededor y de una forma inteligente y no auto-agresiva usar la escalera o soga y pasarnos al otro lado.

Cuando nuestra manera de mirar el mundo, nuestras gafas, tienen tintes pesimistas, se crea en nosotros la creencia de que lo que estamos viendo no puede cambiar y que nosotros tampoco podemos cambiar o adaptarnos.

Las gafas optimistas buscarán en esta situación las circunstancias que le de la posibilidad de poder cambiar o cambiarla.

El optimismo no es algo innato, el optimismo se construye.

Erasmo de Rotterdam  nos decía: “Sin duda yerran los que estiman que la felicidad del ser humano reside en las cosas mismas. Depende de la opinión que se tiene de ellas”

El cuarto componente de la inteligencia emocional es la empatía. La empatía no es sentir pena por lo que el otro está pasando, no es sentir lástima por lo que el otro está pasando, no es sentir dolor por lo que el otro está pasando. La empatía es una facultad que se desarrolla con la inteligencia.

Es comprender cómo se siente el otro más allá de las palabras, teniendo en cuenta el tono facial, el lenguaje corporal, el lenguaje no verbal, etcétera. Es un producto neto de la inteligencia emocional: nuestra emoción acoge la emoción del otro (que no significa sentir lo mismo) sin juicio mientras nuestras potencialidades de pensamiento están dirigidas a escuchar y entender cuál es la necesidad que está detrás del problema, qué es lo que no se ha resuelto, que es lo que necesita esa persona que tenemos delante. Es la capacidad de una persona de ocuparse, de acoger a la otra persona, acompañar la pasión de este otro. No es resolver, no es arreglar. Acompañar es saber como el otro la otra persona se siente y responder de manera apropiada conforme a lo que esa persona está necesitando.

 El quinto componente de la inteligencia emocional son las habilidades sociales. El arte de las acoger y reconocer el aporte de los demás en nuestra vida. Es el reconocimiento de que co-creamos cada instante de la vida.

Cada interacción nuestra puede hacer sentir mejor o peor a los demás. Utilizar nuestras herramientas o adquirir herramientas para hacer las cosas de la mejor forma que podemos en nuestras relaciones  también es parte de nuestro poder personal.  Estas habilidades, además de incluir la empatía, implican el desarrollo de la escucha activa y la asertividad.

El desarrollo de nuestra inteligencia emocional nos lleva a la base de lo que se llama empoderamiento. El primer pasó de nuestra autoconsciencia de este poder personal.

Norberto Ciciaro Villalba (Derechos Reservados)